Un compañero del semestre, cabello rizado, moreno, alto. Ex-compañero del colegio, quiso revivir viejos tiempos. Estudiante de ingeniería y novio de una amiga. Un vigilante de la U. El mejor amigo de mi papá, quiso ayudarme cuando salí a vivir sola. El profesor de matemática básica. El profesor de biología, nunca vi fumar a nadie como él lo hacia.
Un costeño que conocí en un bar, nunca supe su nombre. Un muchacho tímido de Pasto, llevaba poco tiempo en la ciudad. El policía bachiller que estaba todo el día en la estación de la 63. Administrativo de la U, trabajaba en admisiones y solía salir con estudiantes, se caso con una. Negrito del bar, muy atractivo, muy joven. Negrito de San Andres, nunca lo olvidaré. Señor mayor que conocí en una red social, nuestra relación era viajes y sexo, me llevo a San andres.
Muchacho de FB, estaba desesperado por perder la virginidad. Un taxista, cobro la carrera de otra manera. Mi primo, se emociono al saber que vivía sola. Mi ex-novio del colegio, nos encontramos de casualidad en una disco. El amigo de una amiga, me invitaron de paseo.
Un militar que conocí en una red social. El músico de una orquesta en una feria de pueblo. El administrador de un hotel en Villavicencio. Un compañero de la U y su hermano que estaba aun en el colegio. El vigilante del edificio donde viví, y también su compañero del otro turno. Un futbolista que nunca supe si se hizo famoso. El abogado, mi jefe de ese trabajo espantoso. Un locutor de una emisora universitaria, no sé si sea también ahora famoso. Un bajista de una banda de metal de Bogotá.
Un poeta que era profesor en un colegio. Mi otro jefe, en una papelería. El ingeniero que arreglo mi pc de mesa. Un técnico de Telmex. Un piloto de Avianca que siempre estaba ebrio. El estudiante de contabilidad que se afeitaba en la mañana y en la noche ya tenia barba de nuevo. Un compañero de la U que llevaba 7 años tratando de terminar la carrera. El mesero del bar a donde solía ir.
El estudiante costeño recién llegado a la ciudad. El paisa que siempre tenia la camiseta de un equipo de fútbol. El ciclista que siempre entrenaba pero nunca competía. El hombre de FB que me llevo a en su carro a viajar. El estripper que contrato una amiga para la despedida de soltera de su hermana. El vecino que me ayudo a subir una caja muy pesada. El muchacho que me llevo al baño de una disco y no lo vi cuando salí y su amigo que me acompaño a mi apto. El representante de los estudiantes que siempre me saludaba. El de ingeniería que tenia moto.
viernes, 13 de septiembre de 2019
Gracias por todo, estaré bien
Hay una decisión que ya acepte toda la vida me van a cuestionar, los ojos bien abiertos de sorpresa, indignación, incredulidad, no me generan ya ninguna molestia, creo que incluso ya lo espero; cuando menciono tajantemente que no quiero tener hijos creo que dudan hasta de mi humanidad. Mis razones son muchas, pero la historia detrás de esa decisión no la sabe nadie, nunca la conté, siempre la evité. No me avergüenza, pero me da algo de escalofríos.
Anoche follé con un español que tiene siete hijos, le encanta tener hijos, ser padre, lo que hizo que se indignara al contarle mi decisión hace ya muchos años tomada, al hacerme a un lado, recordé cuando cumplí 18 años de edad; estoy en el baño de la casa de mis padres, sentada en el inodoro, tengo una prueba de embarazo que arroja negativo, todo por un compañero de Universidad que decidió quitarse el condón sin mi consentimiento y de lo que me percate cuando él se había ido. Cometí el error de dejar la prueba en el baño.
Estoy en el suelo, mi rostro arde, mis padres me miran, no hablan, solo me miran, mi mamá tiene la prueba en su mano y mi padre se frota la palma de su mano derecha, aun debe sentir el tacto de mi mejilla; dejo una nota en mi cama: GRACIAS POR TODO, ESTARÉ BIEN.
Apenas si tengo dinero, voy a la U, anoto todos los números de residencias universitarias, voy a la más barata, es una casa, vieja, descuidada, parece vacía. Abre un hombre, tiene 58 años de edad. Estoy triste, tengo rabia, esa noche me folla, me folla con rabia, no usa condón, se viene adentro, lo hace dos veces, quiere dejarme embarazada.
Voy a hacerme la cirugía, me piden una prueba de embarazo, sale negativa, una semana después estoy en cama, adolorida, no solo dolor físico, pero me siento tranquila con mi decisión.
lunes, 29 de julio de 2019
Infierno: Segundo incidente
Pero M no estuvo en la oficina el resto de la semana, no pregunté a nadie por él, me reserve cualquier comentarios respecto a su ausencia, me limite de nuevo a hacer mi trabajo; no hubo llamadas, no llego un correo a mi bandeja de entrada, lo que significaba evidentemente que conservaba el trabajo, claro, no esperaba menos.
Un mes después M se presento a una reunión de trabajo, nada había cambiado, llevaba sus lentes oscuros, una camisa blanca. Me senté frente a él, no supe si me miraba, había una tensión que nadie más noto, tal vez a razón de que esa tensión tenia vida solamente en mi imaginación, la reunión fue larga, aburrida, sin sentido; M me llamo a su oficina, me hizo pasar, cerro la puerta y se sentó en un sofá de cuerdo negro gastado en los bordes, se bajo el cierre de su jean, tenia una erección, comenzó a frotarse lentamente mientras expresaba que había pensando mucho en mí, que cada noche me recordaba y que estaba muy ansioso por regresar a ..., sus palabras me interesaron, también poder observar que había sinceridad en sus acciones me emociono, tendió su mano al frente como si me invitara a bailar, pero no me estaba invitando a bailar. Me senté a su lado, de nuevo me tomo del cabello y me inclino, su pene estaba ya muy mojado cuando entro en mi boca, guió el ritmo con sus mano, primero muy despacio, luego algo más aprisa, seguido por movimientos lentos y profundos, no tardo en venirse en mi boca, me recosté entonces al otro extremo del sofá, vi mi reflejo en sus lentes y me lo tome, una ceja se arqueo por encima del borde de estos lentes oscuros.
Me puse de pie, con intención de salir, llegue hasta la puerta pero M me tomo del brazo y no me dejo avanzar en mi propósito, me llevo contra la pared, bajo mi vestidito, dejando mis senos al descubierto, los lamió suavemente, los chupo, se ocupo de ellos con paciencia. Mi vestido quedo en el suelo y M de rodilla frente a mi se ocupo de inmediato de mi clítoris, en combinación con el frío de la pared en mi espalda resulto ser refrescante; M se puso de pie, pude percatarme que tenia de nuevo una erección completa.
No aguanto más si estar dentro de ti, me dijo, e inmediatamente me penetro, me beso, me excita viendo mi reflejo en sus grandes lentes oscuros, se escaparon algunos gemidos, M tapo mi boca, acelero el ritmo, me vine, enterré mis uñas en su espalda, luego él se vino, de nuevo adentro de mi. Me estas volviendo loco, me dijo, me puse mi vestido, salí, fui a mi oficina.
Hice algunas entrevistas en la tarde, en medio de la segunda, me di cuenta que mi oficina tenia olor a sexo, me sonroje, me puse algo nerviosa, seguramente las dos personas que había entrevistado se han dado cuenta también. Fui al baño, me limpie, pero el olor no se iba, decidí ignorarlo y seguir trabajando, hacia más calor que cualquier otro día y el ventilador no funcionaba.
Terminado la tarde M se había ido de nuevo, lo de la oficina no era suficiente para mi, me sentí decepcionada, sola, aburrida. Bueno, tal vez lo más adecuado es decir que estaba desesperada, hambrienta; sin casi pensarlo fui a la oficina del contador, fui decidida, pero un poco más tarde pensé que había tomado una mala elección, pero claro, no estaba en condiciones de tomar buenas elecciones.
El contador paso la noche encima de mi, me miraba a los ojos, me penetro como otro desesperado, pero no fue lo que esperaba, demasiado tímido para mi gusto.
Infierno: primer incidente
Y sin embargo, esta no es la historia del mensajero, que fue solo como un dulce que dura poco. Después de dos semanas intensas de follar casi todos los días, él se fue, tuvo que irse, me pidió ir con él, y me negué, ni siquiera lo dude. Nos despedimos una tarde en el río, follamos y no hablamos, solo follamos, así fue nuestro estilo de conversación. Evidentemente los días siguientes lo extrañe.
Me adapte muy rápido al trabajo, resulto ser mucho más sencillo de lo que pensé, me empoderé de tal forma que cuando no quería ir a la oficina, simplemente no iba; todo cambio cuando llego M, el coordinador, mi jefe inmediato. Según me dijeron solo iba una vez al mes a la oficina, pues su cargo requería que constantemente visitara otras sedes de la empresa y esta estaba de ultimas en su lista. M era un hombre de 35 años de edad, cabello corto, media aproximadamente 1.75, se veía bastante delgado, siempre usaba lentes oscuros, daba la impresión que siempre tenia resaca.
Me entrevisto, y durante aquella entrevista jamas pude ver sus ojos, lo que para mí resulta bastante incomodo, pues es difícil imaginar lo que puede estar pensando la persona, le es fácil esconder reacciones, expresiones que fácilmente se podrían leer, pero cuando no es posible hacerlo queda una sensación de no saber qué sucedió en la conversación. Pregunto por mi vida personal, ignoro mi experiencia profesional y todo finalizo con una llamada que interrumpió el interrogatorio, me dijo que lo esperara al final de la jornada para hablar tranquilamente, asentí y fui a mi oficina. Encendí el PC con una extraña sensación de incertidumbre, y no miento, pensé que era posible que me fuera a despedir por mi juventud e inexperiencia, de modo que, en mis planes estuvo quedarme tal vez una semana más y regresar a Bogotá, buscar un nuevo trabajo y simplemente continuar.
M tenia otra cosa en mente, me llevo a un bar en el centro del pueblo, pidió unas cervezas, y lo más sorprendente fue que a pesar de la oscuridad del lugar no se quitaba las gafas, el interrogatorio continuo, y digo interrogatorio pues estaba algo intimidada y no me atreví a preguntar por su vida personal; minutos después comenzó a hablar de más, su forma de expresarse podía tener sentido en un momento y luego de súbito carecía de coherencia, toco mi pierna, cada vez estaba más cerca, me hablaba más cerca. El bar estaba casi vacío, solo un par de personas solitarias aquí y allá, M se levanto, fue al baño, al salir intercambio algunas palabras con el encargado del sitio y regreso. Eres las psicóloga que estábamos necesitando, dijo, la psicóloga que yo estoy necesitando, pues tengo un problema grave de erecciones y lo peor es que me masturbo cinco veces al día y no quedo satisfecho, hace meses no tengo una vagina para desahogarme. Puso de nuevo su mano en mi pierna, desvié la mirada a una TV en un rincón, M, subió su mano lentamente, llego a mi coñito, los agarro y dijo: "esto es lo que necesito", me sonroje y no pude mirarlo, simplemente porque sabia que solamente vería mi propio reflejo en sus lentes.
Silencio, un silencio tenso nos envolvió un par de minutos, pero sus dedos se movieron y notaron una leve humedad en mi coñito, luego se puso de pie, me tomo de la mano y me dijo que quería mostrarme algo, me llevo al baño de hombres, se bajo los lentes e intercambio una mirada con el encargado cuando pasamos frente a él; el baño era pequeño, el lavamanos era una gran mueble de madera, había un espejo, M se bajo los pantalones, y me mostró su erección completa y luego menciono que ese era su gran problema. Me tomo de la cintura, me hizo girar y me inclino, la experiencia comenzaba a ser surrealista, noté que las cervezas ya habían hecho efecto en mí, seguramente ya desde hace algún tiempo. Su pene entro lentamente en mi coñito, entro por completo, salio y luego de nuevo adentro, con fuerza como si quisiera atravesarme, me tomo del cabello y me hizo mirarlo en el reflejo, pero de nuevo solo veía sus lentes.
Lo hizo con firmeza, una mano en mi cabello, otra en mi cintura, gemí, y él también lo hacia, el rimo se incremento, mis piernas perdieron fuerzas, me vine y a los pocos segundos M también lo hizo, se vino adentro de mí, lo saco y pude notar al instante que su semen caía desde mi coñito y lentamente recorría mi pierna derecha. M se subió los pantalones y salio del baño, no antes sin darme una sonora nalgada, yo tarde un poco más, ordene un poco mi cabello y salí, no obstante, M no estaba, se había ido, el encargado me miro, sonrió y me dio una cerveza, esta es cortesía, dijo, la tome, me senté y la bebí lentamente. Esa noche en mi habitación me masturbe dos veces antes de dormir, ahora pienso que lo hice solamente para evitar pensar en lo que sucedería la mañana siguiente en el trabajo.
Me entrevisto, y durante aquella entrevista jamas pude ver sus ojos, lo que para mí resulta bastante incomodo, pues es difícil imaginar lo que puede estar pensando la persona, le es fácil esconder reacciones, expresiones que fácilmente se podrían leer, pero cuando no es posible hacerlo queda una sensación de no saber qué sucedió en la conversación. Pregunto por mi vida personal, ignoro mi experiencia profesional y todo finalizo con una llamada que interrumpió el interrogatorio, me dijo que lo esperara al final de la jornada para hablar tranquilamente, asentí y fui a mi oficina. Encendí el PC con una extraña sensación de incertidumbre, y no miento, pensé que era posible que me fuera a despedir por mi juventud e inexperiencia, de modo que, en mis planes estuvo quedarme tal vez una semana más y regresar a Bogotá, buscar un nuevo trabajo y simplemente continuar.
M tenia otra cosa en mente, me llevo a un bar en el centro del pueblo, pidió unas cervezas, y lo más sorprendente fue que a pesar de la oscuridad del lugar no se quitaba las gafas, el interrogatorio continuo, y digo interrogatorio pues estaba algo intimidada y no me atreví a preguntar por su vida personal; minutos después comenzó a hablar de más, su forma de expresarse podía tener sentido en un momento y luego de súbito carecía de coherencia, toco mi pierna, cada vez estaba más cerca, me hablaba más cerca. El bar estaba casi vacío, solo un par de personas solitarias aquí y allá, M se levanto, fue al baño, al salir intercambio algunas palabras con el encargado del sitio y regreso. Eres las psicóloga que estábamos necesitando, dijo, la psicóloga que yo estoy necesitando, pues tengo un problema grave de erecciones y lo peor es que me masturbo cinco veces al día y no quedo satisfecho, hace meses no tengo una vagina para desahogarme. Puso de nuevo su mano en mi pierna, desvié la mirada a una TV en un rincón, M, subió su mano lentamente, llego a mi coñito, los agarro y dijo: "esto es lo que necesito", me sonroje y no pude mirarlo, simplemente porque sabia que solamente vería mi propio reflejo en sus lentes.
Silencio, un silencio tenso nos envolvió un par de minutos, pero sus dedos se movieron y notaron una leve humedad en mi coñito, luego se puso de pie, me tomo de la mano y me dijo que quería mostrarme algo, me llevo al baño de hombres, se bajo los lentes e intercambio una mirada con el encargado cuando pasamos frente a él; el baño era pequeño, el lavamanos era una gran mueble de madera, había un espejo, M se bajo los pantalones, y me mostró su erección completa y luego menciono que ese era su gran problema. Me tomo de la cintura, me hizo girar y me inclino, la experiencia comenzaba a ser surrealista, noté que las cervezas ya habían hecho efecto en mí, seguramente ya desde hace algún tiempo. Su pene entro lentamente en mi coñito, entro por completo, salio y luego de nuevo adentro, con fuerza como si quisiera atravesarme, me tomo del cabello y me hizo mirarlo en el reflejo, pero de nuevo solo veía sus lentes.
Lo hizo con firmeza, una mano en mi cabello, otra en mi cintura, gemí, y él también lo hacia, el rimo se incremento, mis piernas perdieron fuerzas, me vine y a los pocos segundos M también lo hizo, se vino adentro de mí, lo saco y pude notar al instante que su semen caía desde mi coñito y lentamente recorría mi pierna derecha. M se subió los pantalones y salio del baño, no antes sin darme una sonora nalgada, yo tarde un poco más, ordene un poco mi cabello y salí, no obstante, M no estaba, se había ido, el encargado me miro, sonrió y me dio una cerveza, esta es cortesía, dijo, la tome, me senté y la bebí lentamente. Esa noche en mi habitación me masturbe dos veces antes de dormir, ahora pienso que lo hice solamente para evitar pensar en lo que sucedería la mañana siguiente en el trabajo.
sábado, 22 de junio de 2019
Infierno
Ese día hacia demasiado calor, esa mañana me había ido de la ciudad sin tener idea del futuro, solo improvise y dije sí a un trabajo que no prometía mucho, pero, me resulto interesante pasar algún tiempo en un lugar en donde nadie me conocía. Seria como una especie de nuevo comienzo o como un juego de ser otra por un tiempo; conocería personas, tendría tal vez una amiga, un gato amarillo o un periquito, me levantaría tarde, haría mi desayuno, caminaría hasta el trabajo, escribiría algunos informes, realizaría un par entrevistas. Comería en algún lugar bonito en la noche, ya no haría tanto calor, regresaría a casa, tomaría algo frío y dormiría como nunca, tranquila, cansada, relajada.
Tome la decisión en una llamada que no esperaba, y sin pensarlo solo acepte, al colgar fue que de alguna manera sentí un frío de incertidumbre y arrepentimiento, pero, solo respire profundo y tome la decisión de seguir adelante; al día siguiente estaba en camino con una mochila, miedos, no le dije a nadie, solo desaparecí, deje de estar donde había estado los últimos años, deje de hablar con aquellos que hablaba casi todos los días. El viaje fue muy largo, aburrido, lo que hacia que en mi cabeza nacieran las ideas mas extrañas que había tenido jamas. Al llegar lo primero que me percate fue el clima, creo que nunca sentí un calor así, insoportable por momentos, y creo que jamas agradable.
Debo decir que la habitación que encontré era coherente con el precio del arriendo, demasiado pequeño para mí, pero resultaba curioso, al mismo tiempo, que la habitación tenia una entrada independiente, era una escalera de caracol pequeña que llevaba a una puerta de metal blanca, y que al abrirla en efecto llegabas a mi habitación. Ahora la recuerdo con cariño, no fue tan mala, lo que sucedía es que yo era demasiado joven. La cama era gigante, me imagine que me divertiría mucho ahí.
No lleve mucha ropa pensando en comprar un repertorio decente en el pueblo, ropa que fuera acorde con ese clima, con las personas, creo que tuve la intención de ser una más, sin embargo, fue una intención que nació marcada para fracasar... mis tatuajes, bueno, nadie más tenia tatuajes en ese pueblo, era impensable que una mujer los llevara almenos, claro, que estuviera loca o fuera una rebelde, una turista de una tierra lejana. Así que eso hizo a que fuera imposible ser invisible y, claro, llevar el cabello en un tono rojizo tampoco resultaba un camuflaje social eficaz. Me decían "la de los tatuajes" o "la pelirroja".
En el primer piso vivía una familia muy tradicional, una pareja de mediana edad, y dos hijos, ya adolescentes. Él estaba casi siempre de viaje, ella ama de casa, pero también debía viajar por negocios que nunca comprendí, cuando ambos padres no estaban venia el abuelo y cuidaba a sus nietos un par de días.
El trabajo resulto ser demasiado sencillo, pausado, podía hacer el trabajo de un día en media mañana, la oficina era particular, hacia demasiado calor y a pesar de mantener siempre la ventana abierta, la brisa nunca entraba, era como si el aire fuera tan pesado que no lograra moverse por mas que lo quisiera. Así que, cuando terminaba temprano, me iba temprano, pasaba la tarde en una piscina, o caminando, o follando. El segundo día salí con el mensajero de la empresa, joven y atractivo, con una gran vitalidad y arriesgado, me invito a salir y sin dudar acepte, comimos un helado, tomamos una cerveza, caminos y terminamos en mi habitación. Nos besamos, me desnudo, lamió mis senos, jugo con mis pezones y un par de cubos de hielo, luego otros cubitos se derritieron rápidamente en mi clítoris mientras me retorcía en la cama, me penetro, me beso, fue muy suave y lento, me ahogaba de nuevo el calor, enseguida lo hizo mucho más rápido, sentí explotar y lo sentí explotar dentro de mi.
Me abrumo una sensación desproporcionada de sed, me puse un vestido corto y salí por algo de tomar, caminando percibí algo extraño y refrescante en mis piernas, observe que el semen escurría en tres delgadas lineas por mis piernas; regrese con algunas botellas, el mensajero se daba una ducha, al escucharme salio del baño con una erección completa, se acostó en la cama y me invito a acompañarlo, me hice encima de él, su pene de deslizo fácilmente al interior de mi vagina, me moví lentamente mientras sus manos acariciaron mis senos, cerré los ojos, me deje llevar, disfrute, aumente el ritmo, gotas de sudor cayeron de mi frente, me vine, él se vino.
Me abrumo una sensación desproporcionada de sed, me puse un vestido corto y salí por algo de tomar, caminando percibí algo extraño y refrescante en mis piernas, observe que el semen escurría en tres delgadas lineas por mis piernas; regrese con algunas botellas, el mensajero se daba una ducha, al escucharme salio del baño con una erección completa, se acostó en la cama y me invito a acompañarlo, me hice encima de él, su pene de deslizo fácilmente al interior de mi vagina, me moví lentamente mientras sus manos acariciaron mis senos, cerré los ojos, me deje llevar, disfrute, aumente el ritmo, gotas de sudor cayeron de mi frente, me vine, él se vino.
lunes, 27 de mayo de 2019
La promesa de los 3
Me había hecho una promesa, sin embargo, la había olvidado, y qué bueno fue olvidarla pues la sorpresa fue en verdad una sorpresa. Cuando lo menciono solo sonreí, ya que me sonó a esas frases estereotipadas del amante fogoso y complaciente, pero, en ese caso la verdad solo me he fijado en su físico, M.. puedo decir con seguridad que pasa muchas horas en la semana en el Gym, es calvo por elección, tiene dorso y unos brazos fuertes, firmes, marcados.
No estoy segura si me agrada o no, y aveces quiero hablar con él, pero la mayor parte del tiempo no quiero ni escucharlo; anoche follamos, fue un muy buen encuentro, nos entendemos de maravilla en la cama y me recordó lo que me prometió apenas nos conocimos: me follaría tres veces en la mañana para que me fuera relajada al trabajo, ya que me ha notado un poco estresada al parecer.
Esta mañana desperté al sentir que chupaba mis senos y, al percatarse que abrí los ojos se aseguro de mi humedad y me penetro, me aferre a él con la poca energía matutina que suelo tener, solamente me deje llevar, lo hizo suave, despacio, pero con firmeza, acompañado de un movimiento regular, me beso, me hizo venir, él se vino también y me dijo al oído que apenas era el numero uno. Se levanto, tomo agua, estiro sus piernas, regreso a la cama, dijo que ya estaba listo para el dos; inicio metiendo sus dedos en mi vagina, luego metió su pene que ya estaba duro (¿siempre lo estuvo?), me beso, no paramos de besarnos, estaba vez lo hizo muy suave al comienzo, luego con fuerza, nos vinimos casi al tiempo, primero él, pero a los pocos segundos me estremecí, hundí mis uñas en su espalda.
Entramos a la ducha, me alzo, me penetro de nuevo, me dijo que necesitaría todo el día para recuperarse, me reí de lo que dijo, pero sobre todo de cómo lo dijo; al venirnos nuevamente menciono su deseo de convivir conmigo, lo mire a los ojos, toque la punta de su nariz con mi dedo indice y le dije NO.
lunes, 6 de mayo de 2019
El maletín de R
Hay hombres que aparecen en mi vida, y así como aparecen luego se hacen parte del paisaje, luego, con el tiempo no me percato que ya no están, y sin embargo, puede suceder que vuelven a aparecer; regresan como si el tiempo se detuviera y continuara de repente. R me dijo una noche que estaba en la ciudad, menciono que quería verme.
R es un hombre bien particular, recordé que tenia un especial encanto por un conjunto de lencería rosa que me regalo hace aproximadamente tres años a razón de un capricho suyo; creo que es una especie de cromofetiche que tiene un efecto sorprendente en su fisonomía y en sus erecciones. Siempre usa una gabardina negra, pesada, gruesa. Viaja con una maleta y un maletín de cuero, este segundo es el que es un poco extraño, es su caja de herramientas, si la abres esperas encontrar documentos, carpetas, no obstante, lo que se encuentra es una colección generosa de juguetes sexuales: tres consoladores, uno negro sencillo, uno rosa de dos puntas la segunda es para el ano, uno de vidrio azulado; dos vibradores, uno de forma cónica y otro con la forma fálica tradicional; dos pares de esposas, un lazo negro, unas bolitas anales moradas, aceites de diversos aromas.
Tiene un ritual que creo debe seguir con cada mujer, le gusta abrir el maletín, mostrar cada uno de los juguetes, explicar cómo funcionan, luego una copa de vino, música suave. Luego de regreso a la cama dice algo como "me gustaría empezar por este, ¿te acuerdas cómo funciona?"
Le digo que más o menos, pero no porque no lo recuerde sino debido a que sé que disfruta explicando; esta vez me pide que me quite la ropa, toma uno de los vibradores y pone la punta en mi clítoris, lo enciende, me mira a los ojos, me pregunta qué siento, pero no me deja responder, o más bien pone palabras en mis labios "debes sentir cómo pequeños temblores recorren tus piernas, una sensación que no puedes controlar, como un reflejo que..."
Busca un nuevo juguete, esta vez quiere estimular mi coñito y mi culito, hace la misma pregunta, pero el es que nuevamente responde. Me ata, deja mis piernas abiertas, para su diversión, para jugar con paciencia, es desesperantemente placentero, me retuerzo, quiero terminar pero no me lo permite. Luego deja a un lado su maletín, se desnuda, toma un pequeño dildo, me penetra, lame mi clítoris, no lo soporto y el orgasmo es inevitable.
Su juego apenas inicia...
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