viernes, 18 de septiembre de 2015

Pensamientos Libidinosos III

Un tribal de rosas espinadas en el brazo izquierdo fue el ultimo tatuaje que Pilar se hizo, cuando perdió el miedo a criticas de sus padres, se miro al espejo al llegar a casa desnudándose frente al cristal para ver su cuerpo adornado por seis tatuajes que desde ahora definirían su personalidad y la forma que las personas la verían.

Al ver su reflejo se le ocurrió otro gran cambio: ¿tal vez en el cabello?, ¿que tal ser pelirroja?, pensó. Entonces  la urgencia de conseguir trabajo desvió sus ideas de la diversión hacia la preocupación. El amigo de su padre le había dejado un teléfono para un posible trabajo, tomo su cuaderno en donde estaba anotado el numero y llamo.

Consiguió una entrevista para el día siguiente, le pareció que seria algo seguro aunque no muy grande, pero en su mente la idea de iniciar es primordial. En su nuevo apartamento no había Tv o un Pc, por lo que es fácil para Pilar aburrirse, entonces toma la decisión de cambiar el colo de su cabello.

En la noche ella se hizo al frente de nuevo en el gran espejo del baño, desnuda volvió a contemplar sus tatuajes, y no se reconoció con su nuevo cabello rojo oscuro. 

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cigarrillo y Cerveza IV

Eve despertó después de una larga noche, su boca aun tenia el sabor del aguardiente, este en medio de dos hombres desnudos que no reconoció, paso su mano por su cabello rubio que estaba enredado; el ambiente apestaba a cigarrillo, intento sentarse y vio sus senos llenos de semen seco.

Su vagina ardía, y la cabeza le dio vueltas cuando por fin pudo incorporarse, estaba en la sala de un pequeño apartamento que no le es familiar. En el sofá ve una mujer también desnuda, con un tatuaje en la cola que se extiende por el muslo y la cadera, ella aún duerme pesadamente. 

En un sillón puede ver un rostro familiar, es un compañero de la Universidad que tiene el rostro hundido en en su gorra. Eve busca su ropa, pero no la encuentra, por lo menos no en la sala.

Busca en el baño, y ahí encuentra sus pantys y su jean, y varias cajas de condones partidas a la mitad. Se da cuenta que el olor es una rara mezcla de cigarrillo y sexo, se siente avergonzada de que esto ocurra la primera semana de universidad.

Entra a un cuarto y ve su brassier enredado en la verga de un señor mayor, lo agarra y le viene un recuerdo en donde tiene su rostro cerca, y su peso encima. Agarra su sujetador rosa y se lo pone, en el suelo reconoce su blusa blanca y se la va poniendo mientras busca la salida del apartamento, da un ultimo vistazo a la sala y vienen a sus pensamientos imágenes de tres penes que eyaculaban en sus senos. 

Abrió la puerta, y un sobrecogedor pánico la abrazo cuando pensó en regresar a casa.

No 21. El mejor amigo de mi papá. Parte 2

Me estaba comiendo un helado de dos bolas, una de arequipe y la otra de mora en una silla en la plazoleta de comidas después del almuerzo, me encontré con una sensación de soledad inmensa que me paralizo, y corrientes de ideas, preguntas, incertidumbres y miedos inundaron mis pensamientos. 

Alberto esta tardando, pensé. Entonces me puse de pie y fui a ver algunas de las pequeñas vitrinas que caracterizan al centro comercial Galerias; vi a Alberto a lo lejos, mientras me acerque a él y mi cuerpo recordó la sensación de cansancio debido a la gran noche que había pasado con él, casi no había dormido y lo extraño es que quería tener una tarde-noche similar.

-mira, deberíamos entrar, ¿qué opinas?- me dijo apenas llegue a él.

Dije que si, con un gesto.

Observe con atención la vitrina: ropa interior bastante sexy, un disfraz de enfermera, algunas esposas y artículos que fui incapaz de entender, y en la parte superior un mediano aviso neón que le daba un color rosa al vidrio. Él entro enseguida, yo dude un par de segundos y le seguí, quede intimidada ante la gran variedad de juguetes sexuales, muchos ni los entendí, o tuve que preguntar a Alberto para aclarar mis dudas, sin embargo tuve poco poder de elección, pues el amigo de mi papá eligió artículos sin mirar el precio como en una dulceria, imagine al ver sus expresiones que tenia ideas para cada uno, entonces me relaje y deje que él tomara el control de todo.

Salimos con dos bolsas llenas, con el entusiasmo y la prisa de llegar pronto a mi nuevo apto.

Al llegar nos sentamos de inmediato en mi cama, con las bolsas, apreciando mejor cada nuevo juguete que Alberto había comprado para mi.

La mayoría eran vibradores y consoladores de diferentes estilos, un par de disfraces, uno de enfermera y otro de diabla, algunas esposas, bolitas anales, fundas para dedos entre otras cosas. Entonces Alberto me miro fijamente, con deseo y con ideas sucias que podían verse en su expresión.

-desnúdate, quiero que juguemos un rato- dijo con firmeza, y lo hice de inmediato, sin dudar. Me acosté con las piernas abiertas en la cama como dispuesta a sus juegos.

Saco un funda de dedos, y se la coloco, era rosa, se una silicona suave, que al sentirla rosar mi clítoris me estremecí por la extraña pero agradable sensación. Rápidamente estuve húmeda y retorciendo de pequeños placeres que sentí en el clítoris y que se expandían paulatinamente, a continuación combino la funda con pequeñas y lentas lamidas que recorrieron toda mi vagina.

-mamacita, la voy a devorar, le voy a hacer de todo-

Enseguida Alberto saco un empaque plástico morado, en el que decía "Doble Penetración", vi un consolador relativamente grande, morado y con una punta pequeña que rápidamente entendí era para mi ano. Lo puso en mi boca para que fuera familirizandome con el juguete morado, mientras él metía un dedo en mi culo.

-sé que este va a ser tu favorito-

Lo metió lentamente, la punta de la vagina entro fácilmente, el de atrás un poco forzado entro poco a poco, cuando llego al fondo me doble hacia adelante con un gemido que evidencio la novedad de la sensación.

Agarro una pequeña caja de cartón, saco unas esposas de metal, se levanto se desnudo y me puso las esposas inmovilizandome contra la cabecera de mi nueva cama. Se arrodillo a mi lado, con la mano derecha empuño el consolador doble y comenzó a moverlo con delicadeza, con la mano izquierda toco mis senos y empezó a pellizcar mis pezones, jalándolos y apretándolos con firmeza.

Mis expresiones de placer lo llevaron a mover el consolador a un mayor ritmo, mis gemidos se mezclaron con algunos gritos resultado de tantas sensaciones a la vez; mi humedad la sentí en mi cola, ya mi cama estaba mojada con el placer que me estaba dando el consolador morado.

Entonces, se detuvo y lo saco, vi que tenia las bolitas anales en su mano, se acostó boca abajo a mis pies y se estiro metiendo en mi culo la primera bolita, al ser la más pequeña entro sin dificultad, después empujo con sus dedos la segunda, sentí placer y prisa porque entraran las dos faltantes. Luego la tercera, más grande y que entro con algo mas de dificultad, y la cuarta que requirió un fuerte empujón, que saco más gemidos de mi boca.

Se incorporo, colocándose de rodillas frente e mi, agarro mis piernas y las puso en sus hombros, y me penetro con su verga de un solo empujón, que por mi humedad llego fácil hasta el fondo, mis mejillas estaba rojas y me sentía caliente, enseguida empezaron sus embestidas descontroladas seguramente por la idea de partirme. Sonaron las esposas contra el metal de la cabecera de la cama, mis muñecas se vieron lastimadas por mis iniciales movimientos, que detuve para no lastirmarlas más, me deje llevar y el movimiento frenético hizo que las bolitas anales estimularan de una forma extraña pero excitante mi culo. Me desespere de las sensaciones de mi vagina y mi ano, ya que eran como una promesa de orgasmo intenso que no llegaba, iba hasta el limite y se mantenía... eso me empezaba a frustrar, entonces moví mis caderas sin control provocando una mayor fricción en mi clítoris.

Hasta que por fin llego mi orgasmo, intenso y húmedo, seguido por la venida de Alberto que lleno mis senos con cuatro chorritos de semen. Aun esposada, agitada, sudorosa y llena de semen contemple a mi amante observándome con morbo y satisfacción.

-me tengo que ir, quede de verme con tu papá- lo dijo disculpándose y despidiéndose a la vez, mientras me quitaba las esposas.

Con mis dedos frote mis pezones, los unte de su semen y poco a poco me lo comí, con la intención de compañía de toda la noche. No funciono.

Dormí sola, en un apto aun extraño por primera vez.

martes, 8 de septiembre de 2015

Concierto para medias veladas y tatuajes II

Era su ultimo evento, el viejo Rafael se va a pensionar la próxima semana, dedico su vida entera a una empresa de productos de belleza, y la feria de salud y belleza seria su ultimo reto, ya tenia todo organizado, y se dispuso esa tarde a entrevistar jóvenes modelos necesarias para que el evento fuera un éxito, o según eso pensaba su jefe que estaba atado a una cultura organizacional en donde la imagen es lo primero.

Había pasado años entrevistando mujeres hermosas, modelos que cualquier hombre desearía, colombianas que harían parte de las fantasías sexuales de cualquier habitante del planeta. Ese día siguió ese patrón, y desfilaron por su despacho figuras femeninas exquisitas.

El viejo Rafael pensó en lo afortunado y desafortunado que fue en sus años de trabajo, por un lado podía fantasear con mujeres hermosas que veía todos los días, pero solo se quedaron en fantasías, como tener un delicioso pastel en la mesa y ser incapaz de comerlo.

Una historia opuesta era la de su jefe, él sí, durante años se ha dado gusto con manjares femeninos, en su oficina, en moteles, en viajes a Cartagena y San Andres con modelos dispuestas a todo por una oportunidad de éxito profesional. Rafael se sintió frustrado con estos pensamientos.

Se hizo tarde, la oficina estaba casi vacía, y aun tenia dos aspirantes más para ser modelos en el evento, suspiro, se sirvió una nueva taza de café de su vieja cafetera con la intención de espantar el cansancio, e hizo pasar a la siguiente:

-¿nombre?- pregunto apenas poniendo atención. Sin desconocer la belleza de la aspirante, miro sus senos redondos, y evito cualquier contacto visual directo.

-A..aaalejandra- respondió con nerviosismo.

El viejo, hundió su rostro entre sus manos, y prosiguió la entrevista por protocolo, desde el inicio la descarto por su falta de carisma. Entonces la idea que solo faltaba una lo tranquilizo, y la hizo seguir .

-¿nombre?- pregunto viendo la figura de la ultima entrevistada, piel canela, con un 1.70 que hacia que el viejo Rafael se sientiera un Hobbit a su lado, con un vestido corto negro y elegante que hacia que sus piernas se vieran más largas, botas hasta la rodilla y un cabello castaño oscuro que llegaba a su hombros.

-mi nombre es Angie- respondió con un aire coqueto.

Rafael quedo impactado por su belleza, le pareció una de las más sexys mujeres que había entrevistado, sin embargo la frustración volvió a él y siguió con la entrevista a modo casi automático. Angie por su parte tuvo la sensación de estar conversando con un autómata, situación que le pareció graciosa, pero a la vez le preocupaba no impactar, pues necesitaba el trabajo con urgencia.

-¿disponibilidad de tiempo?- volvió a preguntar, con la mirada clavada en una hoja.

-es total, manejo mi tiempo y cuadro lo que se tenga que cuadrar-

-señorita Angie la estamos llamando- se dio vuelta y dio por terminada la entrevista. Se sintió aliviado con la idea de salir de la oficina.


El viejo Rafael, organizo su maletín y se dio vuelta para salir, sin embargo se encontró con que Angie estaba apoyada en la puerta obstaculizando la salida, con sus manos bajo lentamente el cierre a un costado de su ajustado vestido, lo abrió y lo dejo a un costado en el suelo; no llevaba ropa interior e hizo un gesto de poner sus brazos arriba como queriendo una requisa.

Rafael se quedo desconcertado, inmobil tratando de descifrar su siguiente movimiento. A continuación la aspirante se impulso hacia adelante, puso su mano derecha en la mejilla del viejo y la izquierda en su pecho, lo empujo levemente hasta llevarlo a su silla, él se sentó, y ella se hizo encima de él.

 -¿con quien hay que hablar para que me den el trabajo?-



lunes, 7 de septiembre de 2015

No 20. El mejor amigo de mi papá. Parte 1

Llegue a mi nuevo apartamento en la calle cuarenta y ocho, me di cuenta que tenia pocas cosas por lo que la mudanza fue bastante sencilla, solo algunas cuantas cajas que en su mayoría eran solo ropa; las clases iniciarían en un par de días y la búsqueda de un trabajo estaba en curso.

Reconocí en mi alegría por una nueva etapa de mi vida, pero había algo de ansiedad y miedo por la incertidumbre natural de la situación.

Baje las escaleras para buscar la ultima caja, llegue hasta el parqueadero y busque en el asiento de atrás, pero no vi nada.

-ya esta es la ultima, yo la subo- dijo Alberto que estaba sosteniendo la puerta del ascensor.

Alberto es un viejo conocido de la familia, desde que era pequeña lo veía en la casa visitando a mi papá, siempre tuve la imagen de ellos de "mejores amigos", navidades en familia, año nuevo, él siempre estaba presente, y de alguna manera lo veía como un tío. No es muy alto, 1.70 a lo mucho, algo gordo por su pronunciada barriga cervecera, se estaba quedando calvo, pero en brazos y pecho era bastante velludo. Él había ofrecido su ayuda para ayudarme en mi mudanza, mis padres no estaban de acuerdo con que me fuera por lo que tomaron la decisión de no intervenir; llego a casa de mis padres temprano, en su carro y él mismo cargo algunas de mis cajas.

Fuimos a almorzar, pensé seria un bonito gesto de mi parte invitarle algo, así que fuimos al Éxito de la calle cincuenta y tres, en el segundo piso, yo comí en el sandwich qbano, y Alberto en el Corral. Volvimos a mi nuevo hogar, pues le había solicitado que me ayudara a armar mi nueva cama, pues fue el regalo de mi tía más cercana, compre una cama de tamaño queen, y por sus dimensiones temí por no tener la fuerza para llevar a acabo la tarea.

Mi nuevo hogar es un apartaestudio ubicado en un cuarto piso, al entrar a la izquierda estaba la cocina con una pequeña mesa que cumple la función de comedor, cocina estilo americano creo que le dicen así; a la derecha de la entrada un pequeño cuarto donde esta la lavadora, al frente una pequeña sala que un sofá mediano llenaría de punta a punta, y a la derecha de la sala sin ninguna separación el cuarto, que en su esquina estaba el baño, y todo teniendo de fondo un gran ventanal que da a la carrera octava.

Me senté en el suelo de la sala, revisando cada una de las cajas y acomodando en el closet mi ropa, en el cuarto Alberto estaba armando con cierta facilidad mi nueva cama, su gran tamaño obligo arrinconarla en una esquina para dejar suficiente espacio para poder acceder al baño y al closet. Cuando él termino su tarea rápidamente tendí mi cama para poderla apreciar y saciar mi creciente emoción de verla lista.

-bueno, te dejo para que organices tus cosas- cuando termino de hablar pensé en la soledad, y en dormir completamente sola en un lugar que apenas estaba en camino de ser familiar, creo que sentí un profundo miedo de esos que paralizan.

-No, todavía no... no me dejes sólita- una voz de niña consentida envió un mensaje que era una invitación.

-Vale, voy a descansar un rato- me senté al borde de la cama, me quite los zapatos, busque acostarme contra la pared.

-voy a estrenar la cama... para descansar un ratico- le di la espalda, Alberto se sentó en la cama, quitándose sus zapatos y acostándose a mi lado.

Desde hace un par de años me di cuenta que el amigo de mi padre me veía de manera diferente, ya no con ternura o cariño, su forma de mirarme se acercaba más al deseo y la tensión sexual con una adolescente, sin embargo nunca sucedió nada, y esta era en realidad la primera vez que estábamos solos; yo tenia algo claro, y es que no quería pasar esa primera noche sola, y aunque no me sentía atraída hacia él, sabia que solamente una noche de sexo haría que me acompañara.

-hace como calor- lo dije en voz alta para justificar mi siguiente acción, me quite mis medias y el jean, quedando solo en un pequeño hilo color fucsia, una camiseta blanca sin sujetador debajo; al concluir me acosté nuevamente sin prestarle atención a mi acompañante.

Me di vuelta, observe que Alberto se acomodo quitándose su camiseta roja, siguieron sus jeans, se acostó y cruzamos miradas. Nos quedamos quietos, enseguida puse mi mano en su pecho para juguetear con sus vellos suavemente, me detuve solo para quitarme mi camiseta para ver su rostro en reacción a poder ver mis senos por primera vez.

Su atención entonces se centro en mis senos, se acerco y con ambas manos me los agarro, luego con sus dedos a modo de pinzas pellizco levemente mis pezones, los cuales lamió y mordisqueo posteriormente.

Un rápido pensamiento me inundo, ideas de: esto esta mal, espero mis papás no se enteren. Pensamientos que fueron interrumpidos cuando sus dedos frotaron mi coñito.

-estas bien mojadita que rico- y mis miedos desaparecieron, pensé.

A continuación me incorpore, baje mi hilo y quite sus boxers, agarre suavemente su verga ya erecta, y lo masturbe un poco... luego lo metí a mi boca un par de minutos en donde hice énfasis en la punta de su pene con mi lengua. Me puse encima de él, y con mi mano guié su verga para que me penetrara, cuando entro deje caer mi peso delicadamente a lo que siguieron pequeños movimientos circulares; Alberto puso sus manos en mis caderas y propuso un ritmo mas acelerado. Con una de mis manos inicie a estimular mi clítoris, mis mejillas las percibía calientes como cuando hacia un ejercicio que aumentaba mis pulsaciones rápidamente.

Ese gesto encanto a mi amante, me agarro del brazo con la invitación a una nueva posición sin interrumpir la penetración, él mostró entonces su intención de dominar la situación, me acostó en la cama y se hizo encima de mi, abriendo mis piernas con sus muslos.

-eres una experta, me encantas- susurro a mi oído.

-¿te gusta?-

-me fascina- y dio una envestida con todas sus fuerzas, mis gemidos se ajustaron a su fuerte respiración que daban prueba del colesterol y el sedentarismo.

Su peso no me permitía muchos movimientos, por lo que me relaje y me deje llevar, sin embargo entendí una ventaja que no considere de la situación, y es que su peso (no consideraba su experiencia) facilitaba de algún modo la estimulación de mi clítoris.

-¿donde los quieres?, ¿donde te lo hecho?- pregunto con dificultad.

-adentro, dale adentro- dije en un gemido.

Mis ultimas palabras generaron una reacción que no espere, se acomodo y acelero el ritmo, como un atleta rematando los últimos cien metros, pensé. La fricción se lubrico con el sudor de nuestros cuerpos, la humedad del calor y la agitación lograron con relativa facilidad mi orgasmo, que se presento largo e intenso, lo cual comunico a Alberto que tenia vía libre para eyacular.

Note sus desespero inicial, seguido por gemidos gritados típicos de una porno, y que me hacían pensar en que Alberto desahogaba meses de abstinencia. Taramos un par de minutos recuperar el aliento, entonces lo empuje con una mano señalandole que quería acomodarme y descansar.


Él no estaba de acuerdo, así que bajo y hundió su rostro en mi coñito, me sorprendió su gesto, pues di por sentado que mi amante necesitaba descanso, y más fue mi sorpresa cuando dijo:

-he esperado muchos años esto- desde abajo con la mirada fija en mi rostro, y con su lengua buscando mi clítoris.

Relaje mis piernas, fije mi mirada en el techo, y me deje llevar... mis miedos se diluyeron.



domingo, 6 de septiembre de 2015

Pensamientos Libidinosos II

Iba el muchacho tatuado y de elevada cresta subiendo las escaleras, se dirigía a trabajar con un animo pesimista, pues en su trabajo como tatuador no estaba en una buena época, llego hasta la puerta de su establecimiento y la vio cerrada, lo que le pareció extraño, entonces tomo la decisión de salir al balcón del centro comercial, saco de una chaqueta un cajetilla de Mustang azul, tenia un ultimo cigarrillo, lo prendió y lo empezó a fumar mientras observaba a la calle.

Recordó que había hecho solo un par de tatuajes la semana pasada, un tribal a un adolescente problemático y una lagartija a una muchacha que le había parecido encantadora en personalidad y físico. Tenia deudas, dejo que la desesperación lo invadiera, lo que trajo otros pensamientos tristes: hace dos años no tenia una novia, sus padres se mostraban decepcionados, no había terminado sus estudios...

Termino el cigarrillo y volvió al local, esperando que su socio y estuviera ahí con buenas noticias, o por lo menos algún cliente que hiciera desaparecer su mala fortuna. Desde lejos observo que la puerta estaba aun cerrada, pero el letrero fluorescente estaba encendido lo que indicaba que su compañero estaba adentro.

Se acerco percatándose que la puerta estaba entreabierta, dudo un par de segundos y entro, el establecimiento estaba a oscuras a excepción pro el aviso de la ventana, pero rápidamente le llamo la atención que la luz del pequeño cuarto del fondo estaba encendida, la puerta estaba cerrada y sin pronunciar palabra se acerco.

Escucho un ruido que no pudo distinguir de inmediato, percibió que el ruido estaba acompañado por movimientos que seguían un ritmo raro. Enseguida escucho voces, reconoció a su socio, pero no podía hacer la distinción de la voz femenina que hablaba entre gemidos.

Noto que su compañero se estaba desahogando seguramente con alguna amiga o alguna cliente, pues era habitual que su socio hiciera transacciones del tipo "tattoo por coñito". Pensó que él debería hacer lo mismo en algún momento, pero con su cresta roja y su nariz perforada era aun menos exitoso con las mujeres. Los gemidos que salían del pequeño cuarto daban cuenta del placer y pronto pensó en masturbarse, pero no lo hizo.

La puerta se abrió, primero salio su amigo que estaba subiéndose el jean, y apenas si puso atención a su presencia.

-¿todo bien?- dijo saliendo del cuarto con una agitación que lo relajaba.

-estaba esperándolo- respondió con un toque de envidia y desconcierto.

A continuación salio la dueña de los gemidos, andando completamente desnuda buscando su ropa. En ese momento pudo reconocerla, era Pilar, la que la semana pasaba le había hecho un pequeño tatuaje en el pie.

-hágale usted también hermanito- dijo su socio señalandole la habitación.

-dale rápido- Pilar se acerco agarro su mano llevándolo al pequeño cuarto.

Ella había sacado de su maleta un condón, se lo dio sonriendo, dándose vuelta y apoyándose en el espaldar de una silla.

-quiero otros tatuajes, me gustaron- se puso en cuatro esperando a que él se pusiera el condón.

Bajo sus pantalones con algo de dificultad, pues ya tenia una erección plena, desempaco el condón  y mientras se lo ponía evidencio que Pilar tenia dos nuevos tatuajes: un tribal en la espalda baja que acentuaba su cola y su figura; y una pequeña mariposa de varios colores en su nalga izquierda.

-le voy a cobrar caro- dijo con una risita de maldad.

Cerro la puerta, pensó que ahora era su turno de desahogarse, y que no tendría piedad con Pilar. Sonrió y cerro la puerta.



Pantys Rojos III

Ella estaba caminando por un pasillo con un cuaderno en la mano, se detuvo en un cartel que esta en la entrada del edificio y lo examino detenidamente, luego de un rato entro al edificio, subió por las escaleras hasta el tercer piso, pudo ver de inmediato el salón 302, en donde seria su primera clase.

Entro temerosa, pensando que seria la primera, sin embargo evidencio que habían dos muchachos que estaban sentados en la ultima fila, Paola evito que se cruzaran las miradas y se sentó en la primera fila dándoles la espalda, hecho un vistazo por la ventana logrando ver la moto de su novio, ella entonces se pregunto por qué estaría aún ahí.

Se puso los audífonos buscando alguna emisora esperando que alguien más llegara al salón.

Entro un hombre mayor con un maletín de cuero negro, casi completamente calvo a no ser por unos rastros de cabello a los lados de su cabeza, que dibujaba algunas franjas grises. Se sentó en el escritorio y reviso el reloj de una forma que todos entendieron que estaba nervioso; miro al fondo del salón y vio a los dos muchachos que no le prestaban atención, giro la cabeza y se fijo con mayor detenimiento en Paola que estaba viendo por la ventana.

Se fijo en su escote, que no era muy pronunciado pero dejaba ver la sensualidad de su pecho, entonces el profesor sonrió ligeramente.

Ella se dio cuenta de la mirada del profesor, tuvo la sensación de ser desnudada en la mente, de modo que junto sus brazos para apretar sus senos y darle un mejor panorama a su observador.

Paola escondió una sonrisa.

Después de clases, alrededor de la 1:00pm, ella salio por el corredor peatonal característico de la Universidad Piloto, al final casi llegando a la Cra 13, estaba la moto de su novio, pero no lo vio.

A continuación ella sintió que la tomaban del brazo, a modo de reclamo, ella se soltó y se fue, dejándolo a él en su moto.